Loiola Vintage 2026: los setenta, desde la última fila
Iba con miedo a no conocer ninguna canción de los setenta. Salí habiéndolas cantado casi todas.
Crónica en primera persona: cuenta lo que vivió quien la firma.
Fuimos al primer pase, el de las siete de la tarde. Había otro a las diez y los dos se llenaron, pero yo lo tenía claro: soy más de tarde que de noche. El año pasado ya habíamos estado en el Loiola Vintage de los ochenta y salimos encantados, así que esta vez no había duda de que repetíamos.
Lo que sí llevaba era una preocupación: los setenta. Nací en 1980, y pensaba que igual me pasaba la tarde escuchando canciones que no había oído nunca. Me equivocaba. Si no las conocía todas, poco faltó: me sabía todas menos una. Y no por haberlas vivido, sino por lo que dijeron ellos mismos desde el escenario: los setenta fueron una gran época para la música, y muchas de aquellas canciones se han quedado para toda la vida.
Cómo fue
Ocho solistas de aquí —Santi Romano, Lidia Insausti, Iván Azkarate, Sara Grajal, Julen Morgado, Anaís Mercury, Emilio Azkarate y Liss— fueron saliendo por turnos, cada uno con su vestuario de época: americanas blancas y gafas de sol, blusas de mangas anchas, lentejuelas, y hasta un policía de cuero con gorra de plato. Detrás, toda la tarde, la Loiola Vintage Band: Andoni Etxebeste a la batería, Javi Echarri a la guitarra, Joanes Ederra al bajo e Iñaki Miguel a los teclados y la dirección. Al final subieron todos juntos a despedirse.
Y las actuaciones, muy buenas: grandes voces, grandes artistas y una gran selección de temas. Retro Musika había prometido soul, funk, disco y canciones imposibles de escuchar sin moverse, y cumplió.
Desde la última fila
La sala estaba llena, con mucha gente de pie. Yo lo vi desde atrás del todo, y que conste que fue a propósito: nos pusimos junto a la entrada, donde corría un poco el aire, y eso se agradecía. Desde ahí son las fotos, de móvil, que esta vez la cámara se quedó en casa.
La decimoséptima
Contaron también que este año se cumplía la 17.ª edición del festival. Ya son años. Lo pone en pie Retro Musika, dentro de la programación de Donostia Kultura, y ojalá sigan muchos más: nosotros seguiremos yendo.
Y no se puede cerrar sin mencionar a la Casa de Cultura de Loiola. Hace una gran labor en el barrio, y todo lo que se organiza desde ahí —este festival, las Jornadas Micológicas y mucho más— lo demuestra. ¡Que sigan así!