Gau Beltza: qué es y de dónde viene la noche de ánimas vasca
Se vende como el Halloween vasco de toda la vida, y la verdad es más interesante: la costumbre es vieja, el nombre es reciente y la fiesta se está haciendo ahora mismo, barrio a barrio.
Lo que no cabe en la agenda porque no tiene fecha: de dónde salen las cosas, cómo funcionan y qué hacer cuando el plan de siempre no vale.
El porqué de lo que aquí se da por sabido.
Se vende como el Halloween vasco de toda la vida, y la verdad es más interesante: la costumbre es vieja, el nombre es reciente y la fiesta se está haciendo ahora mismo, barrio a barrio.
El premio que cierra el Zinemaldia no existió los primeros cuatro años, desapareció cinco más en los ochenta y ya no puede compartirse. La lista entera, década a década.
No se compite por él y no lo decide un jurado. Es la noche en que el festival le da las gracias a alguien por toda una carrera, y la que más alfombra roja pone en la Zurriola.
El Ayuntamiento lo da cada 20 de enero, desde 1967, a quien ha llevado el nombre de la ciudad fuera. Cómo se elige, dónde se entrega y la lista entera, sacada de la web oficial de la Tamborrada.
Nadie sabe en qué año salió la primera. Lo que sí está documentado explica casi todo lo demás: los uniformes, los barriles, la Marcha que solo suena un día y la bandera blanca y azul.
En septiembre viene la alfombra roja; en octubre viene la que de verdad se lo pasa bien. Desde 1990, la ciudad tiene un segundo festival de cine y un público que grita.
Son ciento y pico, casi ninguna tiene rótulo y en la mayoría no se puede entrar. Y aun así, media fiesta de esta ciudad sale por sus puertas: la bandera del 20 de enero la iza una y la arría otra.
Tres cosas en un palillo y ochenta años de historia. La gilda es el pintxo más copiado de España, tiene su propia cofradía y nació en un bar que sigue abierto.
En 1964 un donostiarra vio a Count Basie en París y volvió con una idea. Sesenta años después, la mitad del festival sigue siendo gratis.
Se llama Quincena y dura un mes. Es el festival de música más antiguo de España y el único que te mete en iglesias de pueblo que el resto del año están cerradas.
No tiene fecha fija y aun así nunca falla: del sábado anterior al 15 de agosto al sábado siguiente. Ocho días que la ciudad organiza alrededor de una hora, las once de la noche.
Empezó como una idea de los comerciantes para llenar la ciudad en septiembre. Setenta años después es el único festival español que juega en la liga de Cannes, Berlín y Venecia.
Dónde se prueba, dónde se ve y dónde se compra.
Tres horas fijas —00:00, 12:00 y 24:00— y veinticuatro de tambor por toda la ciudad. La plaza de la Constitución no es el único sitio para verla, y a medianoche tampoco es el más cómodo.
Aquí hay abierta una exposición casi cada semana del año, y la mayoría son gratis. Lo que falta no es oferta: es saber dónde mirar y qué día de la semana abre cada sala.
El Concurso Internacional dispara cada noche de la Semana Grande y es gratis. La decisión no es si ir, es dónde ponerse y con cuánta antelación.
Dos mercados fijos y media docena que se montan y se desmontan en una mañana. Lo difícil no es encontrarlos: es acordarse de qué sábado toca cuál.
Veintiocho frontones municipales, uno en casi cada barrio. Es la instalación deportiva más repartida de la ciudad y la que menos gente sabe que puede usar.
Cómo funcionan las cosas que desde fuera se explican mal.
El programa del festival reparte sus películas en una docena de secciones, y el nombre de cada una no dice casi nada. Esto es lo que hay detrás de cada etiqueta, para elegir antes de pelearse con las entradas.
No es un desfile: son muchas tamborradas que salen por turnos durante veinticuatro horas. Cuatro horas no se mueven nunca, y todo lo demás se ordena alrededor de ellas.
Más de 4.600 niñas y niños de los colegios de la ciudad tocan la Marcha a mediodía frente al Ayuntamiento y desfilan por el Centro. Los cargos no se ganan: se reparten por turno y por sorteo.
Es lo que peor se entiende desde fuera y lo que más se explica mal: la trainera que cruza primero la meta el último domingo puede no llevarse la bandera.
Esta ciudad concentra en tres meses lo que otras reparten en doce. Cuál es cuál, cuándo cae y a cuál conviene ir según lo que se busque.
Una vez al año, en octubre, se abren gratis puertas que el resto del año no se abren. No hay taquilla ni programa en papel, y por eso mucha gente se entera cuando ya no quedan plazas.
En Donostia las setas no son una moda de otoño: hay dos casas que llevan décadas poniéndoles nombre, un curso de barrio con las plazas contadas y una plaza donde se exponen ordenadas una mañana al año.
Destacado Cómo funciona
El error clásico es madrugar el primer día para una película del último. La venta va por tramos, y saber cuál toca es la mitad del trabajo.
En esta ciudad hay carrera casi todas las semanas, y tres de ellas la paran entera. Esto es qué cae cuándo, sin fechas de este año: el calendario que sigue siendo verdad el año que viene.
Llueve, vas con niños, es domingo: planes para condiciones concretas.
Nueve días al año la ciudad se llena de acreditaciones colgadas del cuello, y es fácil pensar que el festival es de otros. No lo es: hay cine barato, charlas gratis, sesiones en euskera para críos y un voto que solo tiene quien compra la entrada.
Aquí llueve, y llueve de lado. La ciudad está montada para eso: casi todo lo que merece la pena tiene techo y está a menos de veinte minutos andando.
Aquí se puede correr todo el año y casi todo sin coger nada: la ciudad tiene kilómetros de paseo llano junto al mar, dos montes dentro del casco y una pista pública abierta hasta las diez de la noche.
En esta ciudad hay tres puertas para empezar un deporte y no sirven para lo mismo: el polideportivo del barrio, el club y la federación.
En Donostia el perro puede ir suelto en treinta sitios, pero casi nunca a la hora que uno saldría a pasear. Aquí están todos, con su horario.
Qué hay en cada zona y qué la hace distinta.
Fue municipio hasta 1940 y todavía no se ha resignado. Altza tiene siete fiestas, dos casas de cultura y una manera de entenderse a sí mismo que no es la de un barrio.
Aquí no se viene a ver nada, y por eso está tan bien. Amara es donde está el estadio, el hospital, la estación y la mitad de las tiendas que le quedan a la ciudad.
El barrio que le dio el nombre a la ciudad y que hoy es lo más parecido que tiene Donostia a una vida normal: playa de familias, calle comercial y bares donde nadie pide en inglés.
Una cuesta, unas vías y una fábrica de tabaco de 1913 reconvertida en el centro cultural más grande de la ciudad. Egia es el barrio que programa lo que la ciudad no programa.
Al otro lado del río, con la playa que rompe de verdad y las barras donde comen los de aquí. Gros es la parte de Donostia que no sale en las postales.
Un caserío, un monte, miles de viviendas y un centro comercial, todo en la misma ladera. Intxaurrondo es dos barrios distintos que comparten nombre y no siempre se hablan.
Todo el mundo la cruza y casi nadie la mira. La Parte Vieja no es una zona de bares: es el trozo de ciudad donde pasa el calendario entero de Donostia, y donde además vive gente.
Hace veinticinco años esto era una vega y una fábrica. Hoy es uno de los barrios más jóvenes de Donostia, y se ha montado su propia calle mayor en una sola avenida.
Esto no caduca, pero los sitios que nombra sí: un bar cierra y un horario cambia sin que nadie lo anuncie. Cada ficha enlazada dice cuándo se comprobó.