Saltxipi
La sidrería que la familia abrió en 1973 es hoy un restaurante de brasa con vivero propio y el txangurro como plato de la casa.
Saltxipi empezó como sidrería. El aitona Santi hacía sidra artesana con los manzanos de su huerta, en el monte, y las sociedades gastronómicas venían a elegir su kupela. En 1973 su hija Ana Mari y su marido Javier decidieron acompañar esa sidra con algo de comer: tortilla de bacalao, espárragos, besugo y txuleta. Poca variedad y mucha calidad, y la gente empezó a venir de fuera.
El txangurro y la brasa
Ahí entró en la familia el txangurro, que con los años ha salido en croquetas, en ensalada, en crema, en revuelto o al horno, y que gustaba tanto que acabaron montando vivero de marisco propio. En 1985 Ana Mari descubrió las brasas y convirtió la sidrería en un pequeño restaurante. Hoy lo lleva la generación siguiente, con la misma idea: buen producto, punto preciso y buen servicio. En la carta, el txangurro y el centollo conviven con el cogote de merluza, las gambas, la chuleta, la chistorra o el solomillo a la brasa, y con lo que toca en cada temporada, de la piparra de Ibarra a los primeros hongos del otoño. El txangurro también se puede llevar a casa.
Un caserío en la ciudad
Ocupa una villa en la Calzada Vieja de Ategorrieta, frente a la avenida de Navarra, con aparcamiento propio. Los comedores son los de un caserío: madera vista, paredes encaladas, chimenea, manteles de hilo y suelo de terracota. Tiene dos reservados y una terraza rodeada de verde, entre el monte y el mar. La guía de la Academia Vasca de Gastronomía habla de cinco comedores y sitio para cerca de doscientas personas, y de Jon Ortega en la cocina, Javier Ortega en la sala y Gorka Ortega como sumiller.
Antes de ir
Abre todos los días a mediodía y, los viernes y sábados, también para cenar. Conviene reservar, en su web o por teléfono.
Dónde está
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