Donostia gratis: lo que no cuesta nada y merece la pena
Lo mejor de esta ciudad no tiene taquilla: la bahía, los dos montes, el Peine del Viento con temporal. Y bajo techo hay más de lo que parece, de Tabakalera a las bibliotecas de barrio, siempre que se sepa dónde mirar.
Donostia tiene fama de cara, y lo es para dormir y para cenar. Para todo lo demás, no tanto: lo que hace famosa a esta ciudad no tiene taquilla. La bahía, el paseo, los dos montes que la cierran y el Peine del Viento con temporal se ven sin sacar la cartera, y bajo techo hay bastante más de lo que se cree.
Esta guía va por lo que es gratis siempre, no por lo que lo es un día suelto. Para lo segundo está la agenda, que tiene un filtro solo para eso: planes gratis en Donostia, día a día.
La costa, de punta a punta
Es lo primero y lo mejor. Las tres playas —La Concha, Ondarreta y la Zurriola— son públicas, y entre las dos primeras hay más de dos kilómetros de paseo continuo con la barandilla blanca, desde los jardines de Alderdi Eder hasta el final de la bahía.
Ahí, donde se acaba la arena de Ondarreta, está el Peine del Viento: las tres piezas de Chillida en la roca, siempre abiertas y sin horario. Con sol es una postal; con marea alta y mar gruesa, los agujeros del suelo de la plaza escupen agua y ruido, y es de las cosas más impresionantes que pasan en esta ciudad. Hay que ir abrigado y no acercarse al borde.
Al otro lado de Urgull, la Zurriola acaba en la explanada de Sagüés, que con mar de fondo es de los mejores sitios para ver reventar las olas.
Los montes y los jardines
Urgull es público y gratuito, y se sube andando en poco más de media hora desde la Parte Vieja. Arriba está el castillo de la Mota, con la Casa de la Historia, la sala municipal que cuenta el pasado de la ciudad y que se visita gratis. Es, además, el mejor sitio para entender la forma de la bahía: desde ahí se ve de una vez lo que en un plano no se entiende.
Ulía es el monte de verdad: se entra desde el final de la Zurriola, desde Ategorrieta o desde Intxaurrondo, y siguiendo la costa por el camino de arriba se llega a Pasai Donibane. Una mañana entera sin coger nada.
Para lo llano y con sombra, Cristina Enea, en Egia, el parque con árboles viejos y pavos reales sueltos; y los jardines del palacio de Miramar, entre las dos playas: el edificio no se visita, pero los jardines son públicos y gratuitos, y desde la pradera de arriba se ve la bahía entera de un lado y Ondarreta del otro. En el centro, la plaza de Gipuzkoa es de los pocos sitios donde uno se puede sentar sin consumir y sin ruido de tráfico.
Y en la Parte Vieja, el paseo que no cuesta nada: la calle Mayor de punta a punta, de la fachada barroca de Santa María a San Vicente, el edificio más antiguo de la ciudad. Lo que hay entre las dos es lo que se reconstruyó después de 1813.
Bajo techo: Tabakalera y las salas de exposiciones
Tabakalera es la respuesta a casi todo cuando llueve: se entra sin pagar, las exposiciones son gratuitas y se puede estar horas sin consumir nada. Arriba del todo tiene una terraza con la mejor vista gratuita del centro. Los lunes cierra.
En su planta baja está Artegunea, la sala de fotografía de Kutxa Fundazioa, y en el Kursaal su otra sala, Kubo. Las dos programan exposiciones largas, y las dos con entrada gratuita.
San Telmo sí cobra, pero un día a la semana entra todo el mundo gratis —hoy, los martes— y hay colectivos que no pagan nunca, entre ellos los menores de 25 años. Las condiciones las pone el museo y es su web la que manda.
Y quedan las galerías, que son de entrada libre y que casi nadie pisa: Arteko, La Central y Arteuparte, las tres en Gros y a pocos minutos unas de otras, y Ekain Arte Lanak, en la Parte Vieja. El mapa completo de salas, y cada cuánto cambia cada una, está en la guía de exposiciones.
Bibliotecas y casas de cultura
La red municipal de bibliotecas tiene espacios de acceso libre para leer, consultar y estudiar, y el préstamo es gratuito: solo hace falta ser socio de Donostia Kultura. Además de la Biblioteca Central, en los bajos del Ayuntamiento, están la Infantil de la Parte Vieja, la de San Telmo, la del centro de recursos de Cristina Enea, la mediateca de Martutene y una rareza: la biblioteca de verano de Urgull, en lo alto del monte.
Las casas de cultura de barrio llevan biblioteca dentro casi todas, con ordenadores, wifi y prensa, y sus salas de exposiciones son gratis. En Egia, Ernest Lluch, Lugaritz y Okendo está además el KZgunea, el aula pública de informática del Gobierno Vasco, con cursos gratuitos. Lo que no abre igual es el horario: unas son de tarde, otras de mañana y tarde, y Aiete es la única con domingo. Cada ficha tiene el suyo.
Música sin entrada
- Musikene, el conservatorio superior, en Ibaeta, programa unos doscientos cincuenta conciertos al año —orquesta, big band, recitales de fin de carrera— y la mayoría son de entrada libre. Es la fuente de música en directo gratis más constante de la ciudad, y el nivel sorprende. Se anuncia con poca antelación: conviene mirar su web cada pocas semanas.
- La Banda de Txistularis toca cada domingo a las doce y cuarto bajo los soportales de la plaza de la Constitución, sin sillas y sin entradas, de finales de septiembre a julio. Es de las cosas más antiguas que siguen pasando en la ciudad, y como es a cubierto no se suspende porque llueva.
Lo que vuelve cada mes
Hay un calendario de mañanas de sábado y domingo que no cuesta nada:
- HorKonpon, el segundo sábado, en el Medialab de Tabakalera: un taller abierto para arreglar entre todos lo que se ha roto en casa. Libre, gratuito y sin inscripción.
- Donostiatruk, el tercer sábado, en la plaza de Tabakalera: el mercado de segunda mano entre vecinos, con entrada libre. En agosto no hay.
- La feria de plantas de Gros, el segundo sábado en la plaza Cataluña, con talleres para críos.
- El intercambio de cromos de Riberas, el primer domingo: se baja con los repetidos y se vuelve con los que faltan, sin dinero de por medio. No lo anuncia nadie, así que la primera vez conviene preguntar antes a la asociación de vecinos.
Y luego están los mercados, donde lo que se paga es lo que uno se lleva y pasear es gratis: el rastro de los domingos, la feria de arte del Boulevard el primer domingo y los mercados de productores de Amara, Gros y el Antiguo. Qué día cae cada uno, en la guía de mercados.
Para quien corre, Donostiarrak saca un grupo los sábados, domingos y festivos, abierto a quien aparezca: sin apuntarse y sin pagar.
Las fiestas, que son de la calle
El calendario festivo de esta ciudad se vive casi entero en la calle, y en la calle no se paga:
- La Tamborrada, el 20 de enero, de la izada de medianoche en la Constitución a la arriada de la medianoche siguiente.
- Los Caldereros y la comparsa de Inudeak eta Artzainak, a primeros de febrero, y luego los desfiles de Carnaval.
- San Juan, el 23 de junio, con el baile alrededor del árbol en la Constitución y hogueras por los barrios.
- La Semana Grande, en agosto: los fuegos sobre la bahía cada noche, gratis siempre —dónde ponerse está en su guía—, y después los conciertos gratuitos de Sagüés.
- El 31 de agosto, la calle a oscuras y con velas.
- Las Euskal Jaiak y las regatas de La Concha, en septiembre: el remo se ve gratis desde el Paseo Nuevo, La Concha y Ondarreta.
- Gau Beltza, el 31 de octubre, montada por las asociaciones de cada barrio.
- Santo Tomás, el 21 de diciembre; Olentzero y Mari Domingi, el 24; y la cabalgata de Reyes, el 5 de enero.
El Zinemaldia también tiene su parte gratuita —charlas con invitación, exposiciones—, y está contada en su guía para quien vive aquí.
Lo que parece gratis y no lo es
Para no llevarse la sorpresa: la isla de Santa Clara se ve gratis desde cualquier punto de la bahía, pero se llega en motora, que se paga y que solo sale en temporada. Las gradas de las regatas y algunos escenarios de los festivales de verano también son de pago, aunque el paseo de al lado no lo sea. Y en San Telmo, el día gratuito es uno a la semana, no todos.
Esto no caduca, pero los sitios que nombra sí: un bar cierra y un horario cambia sin que nadie lo anuncie. Cada ficha enlazada dice cuándo se comprobó.