Barrio a barrio Ocio Altza

Altza: el pueblo que hay dentro de Donostia

Fue municipio hasta 1940 y todavía no se ha resignado. Altza tiene siete fiestas, dos casas de cultura y una manera de entenderse a sí mismo que no es la de un barrio.

Altza no se explica como barrio, se explica como pueblo anexionado. Hasta 1940 fue municipio propio, con su ayuntamiento, su iglesia de San Marcial y sus caseríos repartidos por la ladera que baja hacia la bahía de Pasaia. Ese año pasó a ser Donostia, y a partir de los sesenta se llenó de bloques para alojar a la gente que venía a trabajar a los astilleros, al puerto y a la industria de la comarca.

Lo que queda de aquello no es sentimental: es práctico. Altza sigue teniendo el tejido asociativo más denso de la ciudad, siete fiestas distintas y una identidad que no depende de que nadie de fuera venga a mirarla.

Siete barrios en uno

Aquí «Altza» es un paraguas. Debajo están Herrera, abajo del todo, junto a la vía y la carretera; Larratxo; Jolastokieta; Buenavista; Oleta, hacia el agua; Roteta; Arrizar. Cada uno tiene sus calles, su bar y sus fiestas, y a nadie de aquí se le ocurriría mezclarlos.

Por eso el calendario de fiestas de Altza es el más largo de Donostia: son siete, de junio a septiembre, y ninguna es la misma. Las de Herrera duran casi tres semanas de junio y se abren de etiqueta. Las de Larratxo abren la temporada larga de barrio de toda la ciudad. Las de Oleta terminan cuando arde la hoguera de San Juan. Las Serafines Arriaga, en el parque Harria, son las últimas y empiezan sin chupinazo.

Las grandes son las de San Marcial, que se presentan yendo caserío por caserío. Eso, en 2026, en un barrio de bloques, dice bastante.

El comercio que aguanta

Altza tiene lo que casi ningún barrio periférico ha conservado: comercio familiar con tres generaciones detrás. Ropa desde 1963, mercería desde 1967 con el cajón de lo que no se encuentra en ningún sitio, papelería con medio siglo, zapatería con cuarenta años de mostrador, un estudio de fotografía de 1983.

Están repartidos entre el paseo de Altza, Arrizar y Herrera, y sobreviven por lo mismo que en el Antiguo: porque hay mucha gente viviendo alrededor.

Arzak

En el alto de Miracruz, en la salida hacia Francia, hay una casa que abrió como taberna en 1897 y que hoy es uno de los restaurantes más conocidos del mundo. Está, técnicamente, en Altza.

Que el símbolo internacional de la cocina donostiarra esté en un barrio del que la ciudad habla poco es la mejor forma de contar lo que le pasa a Altza: está mucho más presente de lo que parece.

Dos casas de cultura y un polideportivo con piscina exterior

Casares-Tomasene es la casa de cultura del barrio, con la biblioteca en el caserío de al lado; Larratxo es la sala de actos, la que abre cuando hay función. Entre las dos sostienen la programación, que en Altza es una cosa seria: hay teatro, hay bertsolarismo y hay una tradición de asociaciones culturales que viene de lejos.

El polideportivo tiene piscina de 25 metros y piscina exterior con juegos de agua, que en julio y agosto es de los sitios más socorridos de la ciudad para quien no quiere bajar a la playa.

Lo que hay que saber

  • Se llega en Euskotren por Herrera y por Altza, y en autobús urbano por arriba. En coche se sale directo a la autopista.
  • Es ladera. De Herrera a la parte alta hay un desnivel considerable, con ascensores públicos por medio.
  • Mira a Pasaia, no a La Concha. Desde arriba se ve la bocana del puerto y los barcos entrando, que es una vista que no tiene ningún otro barrio de Donostia.

Cuándo va mejor

En junio, cuando el barrio encadena fiestas casi sin parar. Y cualquier mañana de sábado, por el paseo de Altza y Arrizar, para ver un comercio que en el centro de la ciudad ya casi no existe.

Lo que se nombra aquí

Cada uno tiene su ficha, con su dirección y su horario. Es ahí donde se mantienen, no aquí.

Esto no caduca, pero los sitios que nombra sí: un bar cierra y un horario cambia sin que nadie lo anuncie. Cada ficha enlazada dice cuándo se comprobó.